A veces, la memoria gráfica de
una restauración deja ver detalles que pasan desapercibidos cuando termina el
proceso y la imagen se presenta a los fieles. Lo más preocupante de la Soledad
de San Buenaventura era el ataque de insectos xilófagos que descubrieron el
Sábado Santo cuando la Virgen era trasladada desde su paso al altar que ocupa
en la iglesia del Convento. Sin embargo, independientemente, de este proceso,
se ha desarrollado otro paralelo que ha consistido en devolver a la imagen a
una policromía sin la suciedad acumulada.
Así, el rostro de la Soledad de
San Buenaventura se muestra con la palidez decimonónica de su concepción. Un
rostro que, en las partes no visibles de la imagen, ha sido reparado tras
acusar el daño producido por los “alfilerazos” a los que suelen estar sometidas
las imágenes al ser vestidas. Esto, ahora, se evitará gracias a un corpiño que
protegerá la cabeza, el pecho y las muñecas de la dolorosa.




