Parece el título de una novelita
de Marcial Lafuente Estefanía, pero no es así. Es lo que ocurre en el panorama
cofrade de esta ciudad, y no me refiero a esas cuentas del Vía - Lucis que
ahora han salido a la luz, y que servirán una vez más de acicate y bandera, más
bien de tranca, con la que nos sigan arreando de lo lindo, con la evidente
ayuda del Consejo, que es al que, al final, se le pedirán también
responsabilidades.
Porque de esto se trata de un
tiempo a esta parte. De arrear a las Hermandades, al mundo cofrade, a sus
manifestaciones externas. Y debe decirse, en honor a la verdad, que el máximo
organismo que nos representa tampoco está ayudando mucho, optando por un
silencio que más parece asunción de responsabilidades.
La cuestión no es nueva. Ha venido
goteando en los últimos años. Y los enemigos de las Hermandades han hecho su
trabajo, lo siguen haciendo. Enfrente nuestra los hay de tres clases: los que
no nos pueden ver, los que sin que les caigamos mal nos tienen ganas, por el
triunfalismo de épocas pasadas, donde el maridaje poder - cofradías llego a su
máxima cota de esplendor, y los que, a lo mejor bienintencionados, sin poner ni
quitar rey, como suele decirse, ayudan a los primeros y a los segundos.
En definitiva, todos hablan,
menos nosotros. Un día nos dijeron que cambiáramos las horas de nuestras
procesiones, para que así los bares ganaran más. Otro día el señor Subdelegado
del Gobierno le tira de las orejas a Don Pedro Pérez porque éste, equivocado o
no, pero en legítimo uso de su libertad y de lo que creía conveniente, se reúne
y sienta con los acampados de Arenal. Otro día nos empiezan a sacar titulares
incómodos y a destiempo, acerca de lo que ensuciamos, de la cera, de los
resbalones que se producen. Otro día el señor Palomo, líder de Palos Blancos,
compara los altares del Corpus con la colchoneta hinchable de la verbena de su
barrio, y que si por qué a nosotros nos cobran y a ellos no...otro día aparece
un chiste, y dos...en el periódico...y así sucesivamente.
Los peores de todos son los que
ahora largan y se sienten con arrestos para tirar y darle caña a las cofradías,
cuando en otro tiempo no tuvieron bemoles de hacerlo, porque se hubieran
encontrado, cuando menos, con una respuesta contundente, como ocurrió más de
una vez. Ahora, con un Consejo instalado en el “buenismo”, en el “todo es
maravilloso”, en el asambleísmo estéril y claudicante, los enanos del ayer se
sienten gigantones para amedrentar y ver llegada su hora de ajustar las
cuentas, de vengar antiguos agravios.
Y las cofradías, en el ojo del
huracán, en medio de un vendaval de números colorados, y con un Convenio
firmado con el Ayuntamiento que nos deja más mal que bien, siendo suaves en la
apreciación. Vamos, que nos deja como una m....., para entendernos.
Si yo fuera Presidente, gracias a
Dios no lo soy, lo tendría más o menos claro: al señor Palomo le pagaría los
castillos hinchables para los restos de sus verbenas, y además le llevaba una
Banda de pasacalles (sí, hombre, una banda, que yo te la pago...y no se hable
más, Palomo...); convocaba una rueda de prensa y ponía lo que hay que poner
encima de la mesa, con su damasco correspondiente, claro (la mesa, no lo otro,
mal pensados...), gritaba un basta ya! lo suficientemente alto y contundente, y
le decía a algún medio escrito que cuidadito a partir de ahora con poner una
vela a Dios y otra al Demonio, y que se estuviera quietecito en la Cuaresma con
lo que sacara...ya me entienden... y de paso, a esos señores, que los hay, que
nos controlan, o lo intentan, y se
pasean por fuera de las procesiones a ver quién va o no, y se saben de memoria
la Carrera Oficial y la gente que se sienta...también les diría yo cuatro o
cinco cositas, y no precisamente bonitas.
Y todo esto lo haría si no me
tuvieran que poner la cara colorada con un Vía - Lucis, y si no me tuvieran
pillado por...ya saben Vds. dónde, con un Convenio desastroso. Y a los que
ahora nos dan palos, ahora, y no antes, los llamaría sencillamente cobardes.
Porque eso es lo que son.




