Una vez más, gracias a los
esfuerzos denodados de la Hermandad de la Santa Vera Cruz, de nuestra ciudad, y
a la colaboración inestimable y desinteresada de la Facultad de Bellas
Artes-Especialidad de Conservación y Restauración (tratamiento de pintura y
escultura 1), de Sevilla, a través del prestigioso restaurador D. Juan Abad
Gutiérrez, se ha procedido a la restauración de una imagen de Crucificado, de
tamaño natural, del último tercio del siglo XVIII, de autoría anónima por el
momento, así como de una efigie de pequeño formato de San Juan Bautista niño,
de reminescencias del artista flamenco José de Arce.
La primera de las tallas es una
escultura, conocida tradicionalmente por el Santísimo Cristo de “ la Sangre o
de los Melgarejos “, si bien a finales del siglo XIX, en el inventario
realizado por el entonces sacerdote regente de este templo, D. Juan Sánchez, no
se le adscribe advocación alguna.
La imagen presenta una
iconografía muy singular, llamando poderosamente la atención la posición del
cuerpo sobre el madero de la cruz, alejado de la serenidad y clasicismo de las
tallas de factura neoclásica de finales del siglo de las luces. Quiebra lo
apolíneo y adquiere una torsión, movimiento y barroquismo altamente desaforado,
con una expresión de sufrimiento extremo en las heridas y secuelas del cruel
martirio de la crucifixión, tan sólo aminorada por la templaza y resignación,
que refleja la cara del Salvador.
Un rasgo distintivo de esta
efigie es su mirada y, por ende, sus ojos, entreabiertos y con forma “ achinada
“.La corona de espinas es un aditamento realizada con una soga y clavos a modo
de espinas.
Igualmente, destaca el uso de
clavos policromados para la herida de la llaga de la lanzada, recurso muy
original y poco frecuente en la imaginería religiosa, posiblemente tanto el
escorzo tan pronunciado, la mirada plácida y el rigor de las heridas se conjuntarán
para conmover al posible devoto, que se situara a sus plantas.
El dramatismo evidente, así como
la torsión inusitada de las articulaciones de los dedos de las manos y los
pies, la relacionan con la efigie del Cristo del Amor, del desaparecido
convento portuense de las Capuchinas.
En cuanto a una posible
atribución nos decantamos por el círculo o taller roldanesco, de la segunda
mitad del siglo XVIII en nuestra ciudad, con palmarias influencias de la
escuela genovesa, tan presente en el ámbito gaditano y local, con figuras de
reconocida fama.
Algunas imágenes atribuidas al
quehacer de Diego Roldán, como el crucificado de la Lanzada, tiene rasgos
anatómicos muy parecidos, así como el Cristo del Sagrario, de la jerezana
Parroquia de Santiago, y de la Vera-Cruz, de Rota. Éste último documentado como
obra del nieto del escultor Pedro Roldán.
La restauración rigurosa llevada
a cabo ha desvelado intervenciones posteriores a la ejecución primigenia de la
obra, como las magulladuras de los azotes y heridas, que se han respetado con
escrupulosa ortodoxia, dando como resultado un trabajo de exquisita
profesionalidad, que la Hermandad agradece con toda alegría de ver recuperada
inmejorablemente esta imagen para el culto en su sede canónica.
Por su parte, la imagen del
popularmente conocido “ San Juanito “ ha quedado restaurada con todo primor,
cuya calidad ya se vislumbraba antes de esta intervención, llamando
poderosamente la atención de la fisonomía tan parecida a las obras escultóricas
del genial José de Arce, al que sin duda relacionamos en esta obra de la
imaginería barroca.
En definitiva, un nuevo esfuerzo
de la Hermandad en pro del patrimonio de la Iglesia, en aras de la recuperación
paulatina del ajuar artístico de su sede, que no hubiera sido posible sin las
inquietudes y desvelos del hermano Alfonso Salido Freyre, a quien hacemos
extensivo este sincero agradecimiento.



