Universogaditano.es/ Jesús Montaño
Nuevo reportaje del serial que
viene ofreciendo Universo Gaditano sobre el mundo de la Imaginería. En esta
nueva entrega, última del año, vamos a centrarnos en la función evangelizadora
de las imágenes. A lo largo de los últimos meses hemos venido recorriendo la
vida y obra de imagineros que han contribuido con sus obras a engrandecer la fe
y devoción de la religiosidad popular. Hoy nos centraremos en la evolución y
características del arte de la imaginería en nuestro País.
Antes que nada, habrá que tener
presente que la imaginería es una especialidad del arte de la escultura,
dedicada a la representación plástica de temas religiosos, por lo común
realista y con finalidad devocional, litúrgica, procesional o catequética. Los
imagineros han tenido la oportunidad de hacer de la imaginería religiosa un
arte verdaderamente mayor, alcanzando altísimas cotas de belleza formal y de
unción religiosa, contribuyendo de forma destacada a engrandecer y llenar de
belleza la Semana Santa. Se vincula a la religión católica debido al carácter
icónico de la misma, por lo que la encontramos especialmente en países de
cultura católica: España, Italia, Portugal, Iberoamérica y en menor medida
Francia, Canadá, Países Bajos y Austria. Así como también en Filipinas. La
imaginería española sigue una evolución
al margen de la europea. La nuestra sigue una evolución
particular. El signo que caracteriza a la imaginería española es el realismo.
Se diferencia de la europea por los materiales y por la técnica. En España la
imaginería barroca es casi toda en madera policromada. Esta singularidad, casi
única en Europa, hace que durante el siglo XIX fuese despreciada nuestra
escultura por alejarse del ideal clásico, que se creía sin policromar. La
policromía llega a cambiar mucho el acabado final. El color le da ese realismo
que quiere la gente, no figuras blancas en mármol sino figuras con el color
natural de la piel y de los tejidos. La imaginería, es entendida como una
cualidad artística al servicio de la fe y de la evangelización. El objetivo
final de su trabajo artístico, no es otro que suscitar la interioridad, la
compunción del corazón y, en último término, la conversión.
En realidad, los bienes
culturales de la Iglesia nacen para evangelizar. Así ha sido a lo largo de los
siglos. Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha necesitado de los artistas
para el anuncio del Evangelio. Hoy en día los sigue necesitando y es necesario
que superen la ruptura producida entre Iglesia y artistas, a raíz de la
Ilustración. Son los propios imagineros los que entienden que el patrimonio
cultural de la Iglesia debe ser también un verdadero camino de
evangelización. La representación
plástica de los misterios religiosos acompaña al Cristianismo desde el arte
románico y gótico (S. XII - XV) donde comienza la evolución de la escultura en
madera o imaginería, con fin catequético. Hasta el Renacimiento tienen mucha
importancia los maestros flamencos y franceses. Sin embargo a partir del
Concilio de Trento (1545 - 1563) la Iglesia Católica, en respuesta a la reforma
luterana, decide potenciar las artes plásticas como medio de alcanzar la
atención de los fieles, desarrollándose extraordinariamente la imaginería
durante el periodo barroco en el área mediterránea, Península Ibérica y países
de América. Será España donde más espectacularmente se desarrolle este tipo de escultura,
desde donde se extenderá a toda América Central y del Sur. Será
fundamentalmente el Renacimiento y el Barroco, la etapa artística más
floreciente para la imaginería religiosa y con ella el florecimiento de las
llamadas “escuelas”, tales como la Escuela Castellana, (destaca Valladolid),
Escuela Andaluza, (sobresalen Sevilla, Córdoba, Granada y Málaga), Escuela
Murciana y la Escuela Canaria.
La Escuela Andaluza
Con el comercio de América, los
puertos del sur, y en especial Sevilla, transforman a Andalucía en la zona más
rica de esta época. Por otro lado, Granada se convirtió en la gran ciudad del
Renacimiento andaluz. Sevilla y Granada serán, pues, los polos de atracción del
arte andaluz en el siglo XVII. En nuestra comunidad, la Escuela Andaluza se
caracteriza por la suavidad en el modelado y por el uso de ropas y vestimentas
para ornar las imágenes. Es menos frecuente el barro cocido, la escayola y aún
en menor medida la pasta de papel. Existen incluso talleres que fabrican
imágenes de serie. Son los retablos para las iglesias y los pasos procesionales
de Semana Santa los que van adquiriendo una mayor importancia con el paso de
los años y la evolución de la imaginería. La técnica más habitual es la talla
en madera policromada, buscando así el realismo más convincente, a veces
mediante vestidos y ropajes auténticos, cabellos postizos, etc. Generalmente,
se suele ofrecer en la obra los aspectos más reales de la escultura, cuya
finalidad primordial es la devocional, procesional y litúrgica.
Sin duda la escultura religiosa,
ha hecho que la Semana Santa de Andalucía sea un exponente máximo de este arte,
al que se le une la devoción y la profesión. Los escultores de mayor abolengo
llegaron a nuestra Andalucía en diferentes etapas artísticas haciendo de la
misma, la cuna de la imaginería. En un momento marcado fuertemente por la
Contrarreforma, las imágenes religiosas buscan resaltar su valor pedagógico y
moral y son concebidas como instrumento de acercamiento del mensaje doctrinal a
los fieles, y para asegurarse el triunfo, exigieron a los imagineros un lenguaje claro, sencillo,
fácilmente comprensible, además de realista. De ahí la importancia de hacerlas
comprensibles, verosímiles y capaces de emocionar o conmover. De las manos de
escultores imagineros, somos testigos de excepción, cómo entre gubias y
muriles, de la madera nace una obra de arte. La iglesia, en su objetivo de
llegar a los fieles, ha utilizado a las imágenes como método. Por eso
se buscan imágenes sugestivas,
propone al fiel que se imagine la imagen real, lo que hay detrás del símbolo.
Así por la imagen se penetra en el pueblo, se llega al fiel de una forma más
rápida y didáctica.
La belleza del arte religioso,
brinda oportunidad para hablar a la inteligencia y a la sensibilidad de las
personas, sean o no creyentes. La belleza, nacida del manantial límpido y
fecundo de la fe, tiene también hoy un valor evangelizador incontestable. Todo
ello no es una casualidad. Nadie da lo que no tiene. En la historia del arte
español hay obras excepcionales de temática religiosa capaces de conmover y
suscitar sentimientos, ya que remiten a otra belleza, verdad y bondad que sólo
en el creador tienen su perfección y su fuente últimas. Desde la contemplación
de la belleza visible, será posible encontrar el camino hacia belleza
invisible, aquella que solo es posible percibirla desde un prisma devocional y
de fe.




